Salud y belleza

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Si la empatía no se te da naturalmente, ve por ella

Probablemente ya hayas escuchado hablar sobre la empatía. Sin embargo, es importante aclarar que no es lo mismo que simpatía, ya que ésta última está relacionada a un estado emocional que permite a las personas percibir una situación de manera similar a otra, pero no requiere de una comprensión. En cambio, la empatía es un sentimiento y capacidad de comprender los sentimientos y emociones de los demás, intentando experimentar o sentir de forma objetiva lo que siente otro individuo. O como algunas personas lo definen “ponerse en los zapatos de la otra persona”.

Si tienes la habilidad de empatizar con los demás, obtendrás más cosas positivas a que si no lo tienes. En cualquier entorno, tú puede ser más eficaz si tienes una clara percepción de cómo se sienten las personas que te rodean, los que conviven o trabajan contigo. La empatía puede ser la clave para entender a los demás y acercarte más a ellos, interesándote activamente en sus preocupaciones y recoger las señales de lo que se sienten y piensan.

Interesarte activamente en las otras personas, no significa que estés interesado en sus vidas como lo haría una persona impertinente y que lo utiliza para comunicarlo a los demás sin su autorización. Interesarte activamente significa comprender sus motivaciones, los problemas que bloquean sus relaciones interpersonales y/o profesionales. Por lo contrario, la carencia de empatía, puede desarrollar relaciones poco afectivas o negativas.

¿Recuerdas cuando has estado conversando con alguien y no te presta atención? ¿cómo te has sentido en esas ocasiones?

Cuando una persona no te dedica la suficiente atención o parece no interesarse en tus comentarios, establece una barrera invisible entre ambos. Hay una carencia de empatía. Sin embargo, quien lo desee, puede mejorar ese aspecto de su vida y  en sus relaciones interpersonales.

Gran parte de una comunicación empática consiste en saber escuchar. Antes que hablar, debemos escuchar activamente. Puedes empezar a practicarlo con tus familiares, escucha tanmbién a otras personas. A todos nos gusta ser escuchados. Pregunta cómo se sienten, qué piensan de tal o cual cosa.

Cuando te encuentres en alguna reunión, de cualquier tipo, pregunta qué piensan sobre el tema de la reunión, de lo que se dijo, de lo que pasó. 

  • Procura apagar tu móvil, a menos que esperes una llamada muy importante.
  • Procura no entrar en debates, se trata más de escuchar, comprendiendo el sentir de tu interlocutor.
  • Hazles preguntas y escucha atentamente la respuesta.



Mientra más lo practiques, más fácil te resultará cada vez, y más sincera será tu conversación.

El hacer contacto visual es otro aspecto importante para desarrollar la empatía y como un precursor para escuchar. No puede establecerse una comunicación empática cuando a una persona no se le mira a los ojos. La empatía comienza con un deseo de entender mejor a los demás y no tratar de leer la mente, cosa imposible, por lo menos, hasta ahora.

Merges Gupta, experta en liderazgo, nos da un ejemplo de un hecho que le sucedió a un cliente suyo, gerente de ventas de una empresa de mobiliario de oficina.
Este gerente discutía con uno de sus empleados sobre una próxima visita de ventas con un cliente potencial. El empleado parecía reacio a asistir a la visita, y varias veces sugirió que la visita sería más eficaz si se postergaba una semana. Sin embargo, esta era una excelente oportunidad que el gerente no quería demorar, y siguió presionando para asistir. Después de varios minutos de insistir, preguntó si había alguna razón por la que debería retrasar la visita, y el empleado finalmente admitió que esa semana le era difícil porque era el primer aniversario del fallecimiento de su madre, y le preocupaba no poner toda su atención en el tema. ¡Esto cambió el enfoque de gerente! Se puso en los zapatos del empleado. Formuló las cosas de manera diferente. Le comentó lo difícil que sería para el empleado esa semana, y que si no se sentía cómodo, lo entendería, pero si creía que podía asistir, lo acompañaría en esta visita. La actitud del empleado cambió y aceptó hacer la visita de ventas en esa semana como estaba planeada originalmente.

En el momento en que el gerente ejerció la empatía, aprendió que no obtendría lo que deseaba de otra manera más que observando  las cosas desde la perspectiva del empleado, lo que le permitió ofrecer una alternativa. La empatía cambió su interacción, de la confrontación a la colaboración. ¡La empatía funciona!

martes, 6 de diciembre de 2016

Ya no soporto la conducta de mi hijo

Con mucha frecuencia, los padres y maestros se quejan de la "mala conducta" de algunos de sus hijos o alumnos. Sin embargo, muchas de estas conductas se originan por errores en la crianza parental, o en la manera de conducir la clase por parte de los mentores. La conducta de los niños no surge de manera espontánea, sino que es aprendida de los modelos que obtiene de su entorno cercano. 

Cuando se practica una crianza positiva o democrática en la familia, se espera un niño adecuadamente integrado al tejido social correspondiente a su cultura.

A padres y maestros, lo que más les inquieta de los niños es saber si esperan tener niños "normales", o si se trata de un “niño problema”, por ello, es importante que padres y maestros puedan reconocer algunas conductas disruptivas en el niño, para, de esa manera, poder ofrecerles la ayuda que pudieran estar necesitando.

La llamada “mala conducta” es aquella que presentan algunos niños que parece que “se portan mal” todo el día. Otros, manifiestan conductas hostiles bajo ciertas condiciones ambientales. Otros más, no muestran problemas evidentes de conducta, pero en determinados momentos y condiciones desafían a la autoridad. No confundir las conductas disruptivas con simples travesuras de niños debido a su naturaleza inquieta.

Distinguir los diferentes comportamientos de los niños es importante para establecer un diagnóstico diferencial entre cada uno de ellos y poder determinar la probable necesidad de tratamiento en el manejo comportamental, o bien, si sólo se trata de su comportamiento habitual y normal. Y en este esfuerzo deben comprometerse padres y maestros, pero especialmente, los primeros.

Se recomienda, observar si la conducta de interés se ha manifestado por un periodo mayor a tres meses. Esto es así porque la vida de los niños atraviesa por diferentes etapas durante su desarrollo, y puede tratarse de algún problema transitorio que no durará mucho tiempo.

A manera de guía, enseguida se describen algunas de las conductas más comunes que presentan los “niños problema”:

Agresividad. Consiste en agresión física o verbal y reiterada a los demás, en el salón de clases, en el patio de recreo o en reuniones familiares.

Problemas de aprendizaje. Son manifestaciones de deficiencias en las habilidades cognitivas propias de la edad del niño. Estos problemas pueden tener diversas causas que debe ser evaluado por un profesional. Aunque también puede tratarse de problemas de visión, de sordera, motor, etc.

Trastornos del Déficit de Atención. Puede tratarse del síndrome con o sin hiperactividad o  el de atención dispersa. Se trata de niños que son sumamente distraídos y olvidadizos, que requieren de mucha atención y paciencia de padres y maestros. Son niños que aprenden perfectamente si se les atiende adecuadamente, aunque con frecuencia parecen olvidar todo, no atienden instrucciones, no captan el contenido de lo que leen y pueden ser sumamente inquietos. Le resulta muy difícil mantener su atención o concentrarse por mucho tiempo.

Baja autoestima. Los niños con este trastorno son introvertidos, evitan a otras personas y conviven poco o nada con sus compañeros, procuran pasar desapercibidos, su tono de voz es generalmente muy bajo, hablan poco y temen a la crítica, les avergüenza ser el foco de atención, son indecisos e inseguros.

Trastornos del sueño. Los niños que padecen de trastornos del sueño pueden estar presentando alteraciones neurológicas. Los padres deberán observar que el niño duerma la cantidad adecuada de horas de acuerdo a su edad y evitar distracciones que los mantengan despiertos durante la noche, además de observar si el niño despierta constantemente, si camina dormido, rechina los dientes (bruxismo), si habla o llora dormido (somniloquia) o si padece pesadillas frecuentes.

Entre los factores de riesgo para los problemas de conducta, se encuentran:

Entre iguales: Las conductas agresivas en clase, el rechazo de los iguales, la asociación con iguales desviados, la destrucción de la propiedad o vandalismo, las respuestas ineficaces del profesorado y el clima de clase inadecuado.

En la familia: Bajo nivel económico, actividades inadaptadas de los padres, estilo educativo ineficaz, baja supervisión o control, alto conflicto familiar, bajo apoyo emocional y disciplina inconsistente

Individuales: Pobres destrezas en el manejo de conflictos-ataques de ira, pobres habilidades sociales, acceso a armas, modelo atribucional externo, experiencias de humillación o rechazo, patrón de amenazas /maltrato a otros, ser víctima de abuso o negligencia (físico, emocional o sexual), relaciones pobres /aislamiento, dificultades de aprendizaje


Es importante que, antes de etiquetar a los niños como "problema", sean observados con cuidado y, si es necesario, acudir a la opinión de un experto en la conducta infantil y poder saber si requiere de ayuda psicológica o médica debido a alguno de los problemas ya mencionados en el cuerpo del artículos u otro.

La guía de un psicólogo siempre será de gran ayuda para corregir las conductas disruptivas que pudiera estar presentando el niño. No todo es castigar y/o premiar.

jueves, 27 de octubre de 2016

Terror en las escuelas, el bullying

Un estudio realizado por la Secretaría de Educación del DF, revela que el 77% de los estudiantes de primaria y secundaria de la Ciudad de México se asume como víctima, agresor o testigo de maltrato e intimidación hacia sus compañeros. Estamos refiriéndonos al acoso escolar o bullying.

El 14 de mayo de 2014, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el bullying cobró la vida de Héctor Alejandro Méndez Ramírez, de 12 años, quien falleció a consecuencia de un traumatismo craneoencefálico provocado por cuatro compañeros del primer grado de la Secundaria No. 7 “Eleazar Gómez”. Los menores lo tomaron de pies y manos y lo arrojaron contra la pared. Al caer, el niño se golpeó la cabeza y poco tiempo después le fue declarada la muerte cerebral. Madres de familia se manifestaron con cartulinas que decían: “Queremos justicia” y “Acabemos con el bullying”. Éste es sólo uno de muchos casos de este tipo de acoso (Revista Proceso).

El bullying es una forma característica y extrema de violencia escolar, que se presenta de forma verbal, físico o psicológico. Y se produce reiteradamente a lo largo del tiempo, dentro o fuera del aula o a través de las redes sociales (ciberbullying). Predomina la violencia emocional y entre los protagonistas de este tipo de acoso escolar suelen estar niños y niñas que comienzan su período de la adolescencia. Las niñas representan un mayor porcentaje entre las víctimas, que el de los niños.

No todas las peleas de niños son necesariamente bullying y son, de alguna manera, parte de su desarrollo. En cambio, el bullying es un ataque persistente en un sentido u otro y dónde se presente es malo. Y no respeta condición social. Sin embargo, uno de los grandes problemas actuales es el ciberbullying que se da mayormente en los sectores más favorecidos.

El bullying se relaciona más con la apariencia: sobrepeso, características singulares, usar anteojos, no tener ropa de moda o de marca, tener dificultades de aprendizaje o de lenguaje. Y un promedio de 16 niños se suicidan cada año por bullying en el país.

Entre los factores que favorecen la aparición del bullying está la crianza parental. Se recomienda:
Educar con valores, que vivan y se comporten de acuerdo con lo que la sociedad y la familia consideran bueno, correcto, digno y justo. Son las creencias o aspiraciones de las personas, las familias y la sociedad que guían las decisiones y la conducta. Por ejemplo: la justicia, la equidad y la igualdad, entre otros
Hábitos saludables tales como: la higiene, el ejercicio, la lectura, la alimentación sana, entre otros.
Ambiente seguro, donde el papel de los profesores es crucial, pues un docente firme que genera un ambiente de seguridad para todos, evita de manera importante la propagación del bullying.
Evitar los juegos violentos en el plantel escolar evita accidentes, trátese o no de bullying.

Entre los diferentes tipos de acoso escolar (bullying) están:
  •   Físico: Agresión directa de los acosadores que buscan inducir el miedo; intimidan, amenazan, hostigan físicamente o acosan a la salida del centro escolar.
  • Psicológico: Minan la autoestima de la víctima con humillaciones, insultos, motes, menosprecios en público, propagan rumores, mensajes telefónicos ofensivos o llamadas con lenguaje sexual indecente, provocan miedo, para obtener objetos o dinero u obligar a la víctima a hacer cosas que no quiere hacer…
  • Social: Excluyen y aíslan a la víctima. Distorsionan la imagen social del niño y “envenenan” a otros contra él; amedrentan, apocan o consumen emocionalmente al niño mediante una acción intimidatoria. Impiden a la víctima participar, ignoran su presencia las actividades normales entre amigos o compañeros de clase.


Las víctimas son más vulnerables a padecer problemas emocionales como: trastorno por estrés postraumático, depresión y trastornos del ánimo a medida que crecen.

Consejos para prevenir el bullying
  1. Ayuden a su hijo a resolver los problemas sin violencia.
  2. Fomenten valores como responsabilidad y solidaridad con sus hijos.
  3. En casa, eviten los gritos, golpes o insultos, recuerden que los niños son un reflejo de los que viven en casa.
  4. Enseñen a sus hijos a controlar sus emociones e impulsos.
  5. Determinen los límites en su conducta.
  6. Relaciónense y conozcan a los amigos de sus hijos.
  7. Enseñen a sus hijos a reconocer sus propios errores y a ofrecer disculpas si fuera necesario. Si su hijo es un acosador, busquen la forma de ayudarlo.
  8. Los padres del niño o adolescente acosado deben trabajar conjuntamente con la escuela para resolver el problema de forma inmediata.
  9. Pidan ayuda a los profesores y escuchen todas las críticas que les den sobre su hijo. Manténgase informados de cómo la escuela está tratando el caso y los resultados obtenidos.
  10. Nunca dejen de demostrarle amor a su hijo, pero también deben hacerle saber que no permitirán esas conductas agresivas e intimidatorias; además, dejen muy claras las medidas que se tomarán a causa de su comportamiento.
  11. Si su hijo es acosado, observe a su niño, escúchelo, dialogue y mantenga la calma. Dígale que no es culpable y refuerce su autoestima. Dele la oportunidad de ampliar su círculo de amigas o amigos, mantenga una buena comunicación basada en la confianza.



Promovamos en nuestros hijos, el respeto a los demás. Un ambiente seguro, proporciona al niño, estabilidad emocional para crecer sin temores y feliz.