Salud y belleza

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miércoles, 10 de agosto de 2016

Mi pareja me pega, pero no quiero perderlo

“¡Mi novio me pegó una cachetada pero siento que fue por mi culpa AYUDENME!, ¿Le pegué a mi novia y estoy arrepentido… qué hago para que me perdone?, Mi esposo me pegó anoche y no sé qué hacer el día de hoy. Consejos por favor... me siento muy triste”.

Este tipo de mensajes se observan con frecuencia en la red, y en la consulta psicológica. Gente solicitando ayuda y consejo. Aunque la mayoría son mujeres, también hay hombres, los menos, quienes viven esta situación de violencia intrafamiliar.

El Dr. Ernesto Lamoglia, psiquiatra, menciona que: “Cualquier relación que cause dolor a una de las partes es destructiva, no importa cuánto cariño pueda haber. Nadie merece ser maltratado.  Una relación dolorosa es algo que nadie desea en su vida”. Cualquier relación donde esté presente el abuso y el daño físico o emocional es una relación enferma, anormal.

Las relaciones destructivas son más comunes de lo que pudiéramos suponer. Cualquier persona puede ser un enfermo emocional. Muchas de las personas que practican hoy la violencia en sus hogares, fueron jóvenes que vivieron esta situación, y que después como adultos han replicado el mismo patrón. Algunos de ellos proceden de familias con violencia, otros no.

Lo más peligroso de una relación destructiva es permanecer en ella. Una persona sana debe alejarse. Es importante reconocer el abuso sin importar de quien provenga de: familiares, amigos, novios, compañeros o maestros e incluso en el trabajo. En una relación destructiva, la conducta del abusador y la víctima son anormales. La relación cada día es más peligrosa, de los insultos se pasa a los golpes en cuestión de minutos. Ambos sujetos están enfermos y requieren ayuda profesional si desean salir de esa relación enferma, solos difícilmente lo van a lograr. Las personas violentas no están buscando a quien maltratar, tampoco las víctimas están conscientes de que buscan un maltrato y, sin embargo, ambos se encuentran. Cuando alguien depende sentimentalmente de otra persona, su vida puede convertirse en un caos emocional, y hará lo que sea necesario para retenerla, hasta aceptar todo tipo de vejaciones.

El abuso o maltrato físico busca causar dolor, lesionar con o sin objetos son formas de violencia física. A veces las lesiones son evidentes y en otras no. La violencia más dañina para un menor es el abuso sexual. Es un crimen penado por la ley. Sea causado por el padre u otra persona es un crimen aberrante y no debe ni puede permitirse. La pornografía, el exhibicionismo, la prostitución infantil, ser forzado o presenciar el acto sexual de otros, son formas de abuso sexual. Quien convence, obliga o permite a un menor de edad a realizar cualquiera de estos actos es un delincuente que debe ser denunciado.

El abuso emocional puede ser igual de dañino, y más difícil de identificar, pero las heridas duelen igual, por más tiempo y dañan el carácter, es violencia disfrazada. El desgaste psicológico es devastador. Ataca la identidad de la persona, disminuye gradualmente su individualidad, rebaja su autoestima, sin compasión, ni respeto.

Muchos padres abusan emocionalmente de sus hijos, los hombres de sus esposas o viceversa, maestros de sus alumnos, superiores de sus inferiores o un amigo del otro. El agresor lo disfraza, una pregunta, un sarcasmo, una burla, una indirecta, una sonrisa o una simple observación; busca herir, y trata de hacerlo en público para que hacer más daño. Puede ser muy leve, es constante, lenta y sutil. No deja rastros físicos. Los ataques velados son tan cotidianos que parecen normales. El agresor intenta manipular a su víctima, hacerlo sentir culpable. Desestabiliza a la víctima y lo somete completamente, se bloquea y no reacciona o lo hace con miedo, lo cual exacerba la ira del abusador. Cae en un círculo vicioso de estrés, depresión y dolor, mucho dolor.

El hogar, que debería ser un espacio de solidaridad, apoyo mutuo y crecimiento
personal se convierte en un infierno para todos los miembros. Temen que en cualquier momento pueda producirse un episodio caótico; el miedo es constante, cotidiano. La vida de los demás gira en torno de la persona violenta, tienen miedo a hablar o hacer cosas que desate la furia del agresor. La relación es desigual, con la superioridad del agresor y la posición vulnerable de la víctima. La comunicación se vuelve difícil.

Se sospecha de abuso cuando se perciben los siguientes síntomas:
1.       Moretones, cortadas, quemaduras, huesos rotos.
2.      Signos de depresión y patrones alternados de subidas y bajadas de peso.
3.      Daños autoinfligidos, cambios en la alimentación, mencionar el suicidio.
4.      Dificultad en la relación con los padres o figuras de autoridad.
5.      Problemas para manejar la ira.
6.      Bajas repentinas en las calificaciones
7.      Alejamiento de amigos o cambio del tipo de amistades.
8.     Abandono de actividades que antes disfrutaba.
9.      Actitud delictiva o agresividad en la escuela.
10.  Promiscuidad
11.   Problemas con la autoridad, incluyendo robo y vandalismo.
12.  Consumo de drogas y consumo de alcohol.
13.  Conducta escapista.

Comportamientos comunes de una relación destructiva:
1.      El agresor se adjudica el derecho de controlar la vida y conducta de su pareja
2.     La víctima renuncia a personas y actividades eran importantes en su vida.
3.     El agresor desvaloriza las opiniones, sentimientos y logros de su pareja.
4.     Cuando la víctima hace algo que le disgusta al agresor, éste vocifera, manotea, amenaza o castiga con un silencio colérico.
5.      La víctima, a fin de no disgustarlo, tienta el terreno y ensaya lo que le dirá. Vive con miedo constante.
6.     La víctima se confunde ante los bruscos cambios de su pareja que, sin manera de preverlos, van del dulce encanto a la cólera.
7.      La víctima se siente perpleja, desorientada o fuera de lugar frente al otro.
8.     El agresor es sumamente celoso y posesivo.
9.      El agresor culpa a su pareja de todo lo que funciona mal en su relación.

Sabemos que las relaciones perfectas no existen, siempre habrá diferencias que habrá que conciliar y negociar,  y a veces alguien tendrá que ceder. El problema es cuando quien cede siempre es el mismo.

Recomendaciones:
1.       No se quede callada(o). El silencio es el principal aliado del agresor.
2.      Eleve su autoestima y libérese de sentimientos de culpa.
3.      Termine la relación de manera tajante y definitiva. Aun cuando le signifique mucho dolor.
4.      Busque ayuda profesional para resolver el problema de la dependencia, y evite otra relación de abuso y repetir el ciclo.


Referencia: Lamoglia, E. (2003). El amor no tiene por qué doler: Cómo reconocer una relación destructiva. Centro de educación emocional y servicios psicológicos.

domingo, 3 de enero de 2016

Consejos para sobrevivir al trato con gente maleducada y grosera de manera asertiva


Todas las personas tenemos derecho a ser respetados, además de otros derechos no escritos y los cuales con frecuencia olvidamos a pesar de que está en juego nuestra propia estima. Estos derechos deben ser aplicados entre cada ser humano para convivir de manera más armónica y en paz con el resto de nuestros congéneres. 

En ocasiones nos encontramos con personas maleducadas y groseras a quien quisiéramos mandar muy, pero muy lejos. Sin embargo, nadie está exento de este tipo de situaciones, por ello debemos aprender a lidiar con ellas, sobrevivir y evitar que sus comportamientos afecten nuestra existencia. 

Para lograr una convivencia armónica existen técnicas que pueden sernos de gran utilidad para ser asertivos en nuestras relaciones con las demás personas. Estas técnicas pueden aplicarse según la necesidad o situación en la que nos encontremos, dependiendo de nuestra propia personalidad. Por ello, recomiendo manejar las siguientes conductas asertivas que nos pueden evitar muchos conflictos.

1. Ignora las ofensas y no lo tomes como personal
Enfadarse por comentarios ofensivos que se dirijan a tu persona te hará perder el control de tu razonamiento y caer en su juego. Si ignoras la razón por la cual una persona parece estar enfadada, procura posponer la discusión y esperar a que el sujeto se calme para discutirlo de manera serena. Las ofensas suelen ser hirientes pero, si pierdes el control, podrías verte atrapado en una discusión estéril o, incluso, llegar a la violencia lo cual no es deseable.

2. Averigua las razones mediante una pregunta asertiva
Algunas personas, cuando se enojan, suelen tener razones equivocadas producto de malos entendidos, un mal día o de situaciones estresantes previas al conflicto. Por ello, es recomendable mantener la calma y plantear una pregunta asertiva como: “Entiendo que te hayas sentido molesto por la forma en que actué, pero ¿qué es lo que realmente te molestó?” Esto puede tranquilizar al ofensor lo suficiente como para evitar un conflicto.

3. Evita la confrontación
Siempre que sea posible evita la confrontación y, si es posible, aplaza tu respuesta a la ofensa recibida hasta que te sientas más tranquilo y seas capaz de responder a ella apropiadamente. Por ejemplo: “prefiero reservarme mi opinión… ya hablaremos sobre el tema más tarde cuando no estés enfadado”.

Toma en cuenta que en alguna ocasión pudiste haber estado en la misma situación de molestia y te habrás comportado de manera grosera con alguna persona. Esto no significa que, necesariamente, este sea tu comportamiento cotidiano, pero te ayudará a entender lo que pudiera estar sucediendo con tu ofensor.

4. Cede terreno sin hacerlo realmente
A lo largo de tu vida es posible que te encuentres con personas groseras y maleducadas. Una técnica muy útil consiste en ceder terreno sin cederlo realmente. Es decir, intenta una postura en la que trates de mostrar acuerdo con el argumento de la otra persona pero sin consentir en cambiar tu postura. Por ejemplo: “Podrías tener la razón, sin embargo… Quizá estés en lo correcto, pero soy de la opinión que…”.

5. Un poco de ironía asertiva no hace daño a nadie
En ocasiones, las personas groseras u ofensivas se ven desarmadas ante un comportamiento asertivo con un poco de ironía. Es decir, simular acuerdo con la crítica negativa, por ejemplo: “Gracias por hacérmelo saber… Cuánta razón tiene usted…”.

6. Procesando el cambio de actitud
Algunas conductas groseras o maleducadas provienen de personas con problemas de frustración acumulados por largo tiempo. No es conveniente discutir con la otra persona sobre temas del pasado, lo mejor es centrarse en lo que ha sucedido en el momento actual, en el presente y en los hechos que originaron el problema, evitando generalizar. Por ejemplo: “Creo que nos estamos desviando del tema, mejor nos centramos en…”

7. Romper con los malos hábitos
Algunas personas manifiestan una conducta grosera y maleducada como un hábito inadecuado. A este tipo de personas conviene aplicarles la técnica del disco rayado, la cual consiste en repetir una postura tranquila, manifestando acuerdo, sin dejarse llevar por otros aspectos pues de otra manera estas personas insistirían en su posición. Puedes utilizar frases como: “Sí, pero... Sí, lo sé, pero mi punto de vista es... Estoy de acuerdo, pero…”

8. No insistas en tener la razón
Si alguien no está dispuesto a entender razones, no habrá nada que lo haga cambiar su parecer si no quiere. Puedes responder a alguna crítica sobre un determinado error admitiéndolo, pero evitando que te apliquen cualquier calificativo o etiqueta sobre que seas una buena o mala persona. Por ejemplo: “Cierto, lo olvidé. La verdad es que no es mi costumbre ser irresponsable”.

9. Quebrantando el proceso de la ofensa
Evita que una actitud grosera u ofensiva te haga corresponder al ofensor de la misma forma. Una actitud que no denote enojo sino una actitud tranquila y amistosa conducirá el diálogo entre ambas personas hacia un comportamiento más relajado y respetuoso. Es posible responder a la crítica que intenta provocarnos con una sola palabra o con frases cortas sin significado, como: “sí, no, de acuerdo, es posible…”.

Estos comportamientos asertivos te serán de gran utilidad para que evitar conflictos que podrían dañar tus relaciones con las demás personas y, en cambio, conducir tu vida por el trato respetuoso.

viernes, 7 de agosto de 2015

La Asertividad, técnicas para preservar nuestros derechos a una relación justa

Image courtesy of David Castillo Dominici at FreeDigitalPhotos.net

Todas las personas poseemos derechos no escritos, los cuales olvidamos o no tenemos conciencia de ello a pesar de que afecta a nuestra propia estima. Estos derechos no pretenden lastimar a otros, pero sí nos recuerda que estamos al mismo nivel que todos los demás.
Para defender nuestros derechos existen técnicas que pueden sernos de gran utilidad para ser más asertivos en nuestras relaciones con las demás personas. Estas técnicas pueden aplicarse según la necesidad o situación en la que nos encontremos, y dependiendo nuestra propia personalidad.

  1. Técnica de claudicación simulada o banco de niebla: Consiste en ceder terreno sin cederlo realmente. Es decir, mostrarse de acuerdo con el argumento de la otra persona pero no consentir en cambiar de postura. Por ejemplo: lo que dices puede ser cierto, pero… es posible que tengas razón, pero…
  2. Técnica de ignorar: Implica ignorar la razón por la que el usuario parece estar enfadado y aplazar la discusión hasta que éste se haya calmado. Por ejemplo: siento que ahora mismo estás bastante enfadado y podemos decir cosas de las que luego nos arrepentiremos, mejor dejemos este tema para otro momento en el que estemos más calmados.
  3. Técnica de la ironía asertiva: Consiste en responder positivamente a la crítica negativa. Por ejemplo: gracias por hacérmelo saber.
  4. Técnica de la pregunta asertiva: Indaga más sobre el problema para poder argumentar. Por ejemplo: entiendo que te hayas sentido molesto por la forma en que actué, pero ¿qué es lo que realmente te molestó?
  5. Técnica del acuerdo asertivo: Podemos responder alguna crítica sobre un determinado error admitiéndolo, pero separándolo de cualquier calificativo sobre que seamos una buena o mala persona. Por ejemplo: Sí, lo he olvidado, la verdad es que suelo ser más responsable.
  6. Técnica del aplazamiento asertivo: Aplaza la respuesta a la crítica recibida hasta que nos sintamos más tranquilos y seamos capaces de responder a ella apropiadamente. Por ejemplo: prefiero reservarme mi opinión… No deseo hablar sobre el tema ahora. Veo que estás enfadado, hablemos de esto más tarde.
  7. Técnica del disco roto o rayado: Esta técnica consiste en repetir nuestra postura con tranquilidad, manifestando acuerdo, sin dejarse llevar por otros aspectos. Se pueden utilizar frases como: Sí, pero... Sí, lo sé, pero mi punto de vista es... Estoy de acuerdo, pero...
  8. Técnica del quebrantamiento del proceso: Es posible responder a la crítica que intenta provocarnos con una sola palabra o con frases cortas sin significado, como sí, no, de acuerdo, es posible…
  9. Técnica para procesar el cambio: Es conveniente discutir con la otra persona lo que ha sucedido en el momento actual, centrándose en el presente y en los hechos originarios del problema surgido, evitando generalizar. Por ejemplo: creo que estamos desviando el tema del que hablábamos, mejor nos centramos en…

viernes, 24 de julio de 2015

Qué podemos hacer ante los problemas de comportamiento en los niños

Durante el desarrollo de los niños se presenta, eventualmente, algún “mal” comportamiento dentro de lo que podemos juzgar como un comportamiento promedio o común socialmente aceptado. Sin embargo, cuando este “mal” comportamiento se presenta con demasiada frecuencia, es importante poder diferenciarlo del desarrollo normal del menor. Algunos de estos comportamientos que llamaremos inadecuados, pueden deberse a problemas de crianza, de aprendizaje, de influencias del entorno social o emocionales. Es decir, los problemas de conducta de los niños pueden ser variados e, incluso, presentar más de una conducta inadecuada. Por lo que es de gran importancia poder definir y analizar cualquier comportamiento problemático, si fuera necesario, con la ayuda de un profesional.

Veamos algunas conductas inadecuadas que se pueden presentar en los infantes:
Las Conductas agresivas y autoagresivas cuando se presentan con mucha frecuencia, intensidad y duración ser atendidas lo más rápido posible para evitar poner en riesgo la integridad de sus hijos o de otras personas.
Las Conductas que interfieren en el aprendizaje no ponen en riesgo la vida del infante ni la de los demás. Esto se presenta en actividades tales como no hacer la tarea, hacer pataletas, negarse a cooperar en la escuela, etc.
Las Conductas inadecuadas que no ponen en riesgo la vida del niño ni su proceso de aprendizaje, son por ejemplo, las malas posturas, tics, movimientos de manos, etc.
Image courtesy of Clare Bloomfield at FreeDigitalPhotos.net

Para enfrentar positivamente las conductas inadecuadas de nuestros hijos, debemos afrontarlas como un reto, lo cual implica un aprendizaje para tratar de ser mejores padres.
Todas las conductas inadecuadas, intentan transmitir un mensaje, comunicar algo. Sin embargo, debido a diversos problemas, los niños se ven limitados para expresarse de manera asertiva. Con frecuencia, cuando logran transmitir el mensaje, expresan algún malestar de salud, la necesidad de atención, problemas de frustraciones o ansiedades reprimidas. Incluso, puede ser de aburrimiento.
Uno de los problemas que reflejan los niños proviene de la atención que necesitan de los padres. Estos a su vez, desean ese tiempo para ellos mismos y se comportan en forma poco constructiva compartiéndolo quizá con otras personas (amigos, vecinos, etc.), a ver la televisión, a realizar compras y, actualmente, a las redes sociales mediante el uso del teléfono celular.
Como padres, si esperamos tener hijos conductual y socialmente saludables tenemos que aprender a asumir una conducta adecuada de la cual los niños puedan tomar ejemplos positivos. Si ya sabemos que las conductas inadecuadas son socialmente inaceptables y que en casos extremos pueden poner en riesgo la vida del menor ¿qué debemos hacer para modificar dichas conductas? He aquí algunas recomendaciones.
Regularmente, cuando observamos alguna conducta inadecuada en el niño, o que no nos agrada, lo primero que hacemos es desaprobar la conducta enfatizando el aspecto negativo, lo cual es incorrecto. Asumamos, en cambio, un tono positivo. Cuando nos concentramos en lo positivo, estimulamos las habilidades que poseen los niños dándoles mayores oportunidades de aprender conductas positivas y a evitar las inadecuadas.
Debemos evitar el castigo emocional o físico, pues ello puede acarrear problemas a futuro para los hijos y para la relación parental.

Los problemas de comportamiento en los niños pueden manifestarse de manera externa o interna. De manera externa o actuada se refiere a lanzar objetos, gritar y/o decir obscenidades, agresiones físicas o berrinches (pataletas). De manera interna en los que el niño puede rehusarse a hablar, aislarse, deprimirse, etc. En ambos casos puede tratarse de un desorden conductual, causados por sentimientos de frustración, escaso autocontrol, experiencias del pasado o por causas biológicas.
Entre los comportamientos problemáticos que se manifiestan con frecuencia de manera externa se encuentran:
Comportamiento agresivo en donde el niño puede golpear, empujar, morder, escupir, insultar, amedrentar, atormentar, etc.
Hostilidad a través del cual este tipo de niños suelen provocar deliberadamente a otras personas. Con frecuencia esta actitud la asumen para disfrazar sus molestias internas.
No conformidad. Estos niños se rehúsan a obedecer instrucciones, reglas, ignoran o se alejan para no obedecer.
Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Los menores que poseen éste desorden tienen dificultad para mantener la atención por determinado tiempo para realizar alguna tarea o actividad. Pueden ser desorganizados, impulsivos, hiperactivos y con muy escasa capacidad para enfocarse en actividades debido a un exceso de energía. Interrumpen conversaciones constantemente exigiendo atención, en constante movimiento, son impulsivos, hablan sin cesar y sentarse quietos les resulta una tarea muy difícil de cumplir.
Entre los comportamientos problemáticos que se manifiestan con frecuencia de manera interna se encuentran:
Baja autoestima. Este aspecto no es fácil de detectar en los niños, este sentimiento puede desarrollar sentimientos de angustia, dolor, indecisión, desánimo, pereza, vergüenza, y otros malestares. El mantenimiento de una autoestima positiva es una tarea fundamental a lo largo del crecimiento de los niños.
Ansiedad. Este desorden puede  ser causado por peligros o presiones reales o imaginarios. Este tipo de comportamiento se presenta en los niños con un deseo de mantenerse quieto y alejados, también pueden sentirse agitados o actuar agresivamente. Suelen ser extremadamente sensibles al fracaso.
La depresión se puede manifestar con sentimientos de dolor, pena, ansiedad, vacío existencial, desesperación, pesimismo, culpabilidad, desprecio, impotencia, pérdida de interés en pasatiempos y/o actividades agradables que previamente realizaba el niño. Puede rehusarse a salir y encerrarse a solas, mostrar mal humor, negatividad resentimiento y a victimizarse.

Probables causas de los problemas de comportamiento
Los factores que pueden motivar los problemas de comportamiento que hemos mencionado, puede tener orígenes muy diversos. Pueden motivarse por problemas del entorno familiar o de la comunidad de la persona. Los menores que conviven en hogares con violencia física o verbal, tienden a desarrollar conductas inadecuadas. Así también tienen influencia los problemas de pobreza, desnutrición, uso de alcohol y/o drogas, la convivencia con compañeros o amigos que exhiben comportamientos inapropiados ponen al niño en riesgo de desarrollar problemas de comportamiento. Ya hemos hablado también de los factores biológicos como la ansiedad, depresión, el TDAH como precursores de problemas de comportamiento.

Los problemas de comportamiento de los menores, como se apunta líneas arriba, deben analizarse cuidadosamente y atenderlos adecuadamente y oportunamente. Si el problema de comportamiento que presenta el menor escapa a la comprensión de los padres, deberán asesorarse con un profesional. Resulta especialmente importante una intervención temprana para identificar el problema antes de que se desarrolle un trastorno de la conducta.


viernes, 18 de julio de 2014

Los trastornos de ansiedad

La ansiedad es un mecanismo defensivo que se encuentra presente en todas las personas. Podemos mencionar que se trata de una conducta normal, que mejora el rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta. Mantiene al organismo en estado de alerta y dispuesto para enfrentar los riesgos y amenazas de su entorno; impulsa a tomar las medidas convenientes y necesarias (huir, atacar, neutralizar, afrontar, adaptarse…), dependiendo del riesgo o del peligro.


La ansiedad como mecanismo adaptativo es buena, funcional, normal y no representa ningún problema para la salud. Todos la hemos sentido en alguna ocasión: previo a un examen, a un partido de fútbol, en la primera cita romántica o en una entrevista de trabajo. Es una emoción común en el ser humano, e incluso en los animales.

Sin embargo, este mecanismo que normalmente es útil para la supervivencia, puede convertirse en una fuente de malestar cuando se presenta sin justificación, ya que quien la padece, sufre intensamente y la ansiedad interfiere en su vida cotidiana; es probable que estas personas padezcan algún trastorno de ansiedad.

Entre los síntomas más característicos del trastorno de ansiedad se encuentran:
·         Preocupación.
·         Miedo o temor.
·         Pensamientos negativos de inferioridad, incapacidad o inseguridad.
·         Sensación de no poder controlar lo que sucede en el entorno.
·         Síntomas fisiológicos, tales como: palpitaciones, sensación de sofocación, náuseas, problemas digestivos, tensión muscular, temblores, dolor de cabeza, sudoración excesiva, rubor, mareos, entre otros.

Aunque no es común que se presenten todos estos síntomas al mismo tiempo, sí pueden presentarse varios de ellos simultáneamente.

La presencia de los factores de riesgo que predisponen a un sujeto a padecer un trastorno de ansiedad está relacionada con la presencia de una enfermedad o acontecimientos vitales. Este trastorno puede comprometer la capacidad de afrontamiento del individuo.

Entre los diferentes tipos de trastornos de ansiedad, se encuentran:

Trastorno de ansiedad generalizada (TAG), presenta una tensión crónica sin que aparentemente nada la provoque, con exceso de preocupación respecto a una variada gama de situaciones y actividades. Muestra síntomas de malestar generalizado casi todos los días.

Trastorno de pánico (o ataque de angustia), se experimentan crisis repentinas de angustia, con una aguda y elevada ansiedad y frecuentemente, la persona que la padece piensa que va a morir. En ocasiones, los pacientes que sufren este trastorno desarrollan angustia previa ante la posibilidad de experimentar el próximo ataque, cuya ocurrencia no pueden prever.

Trastorno fóbico, se caracteriza por un temor irracional y persistente ante la presencia o la anticipación a un objeto, actividad o situación concreta, con la consecuente evitación de aquello tan temido. Por ejemplo: miedo a volar, a los espacios abiertos o cerrados, a hablar en público, a determinados animales, etc.

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), incluye la presencia de pensamientos o acciones no voluntarias en los que la persona no puede evitar pensar o hacer determinadas cosas para no generar ansiedad, aunque reconoce lo absurdo, indeseado o carente de sentido de sus pensamientos o acciones. Por ejemplo: lavarse las manos con demasiada frecuencia, revisar repetidamente los interruptores de la luz o del gas, confirmar constantemente que la puerta ha quedado bien cerrada, etc.

Trastorno por estrés postraumático (TEP), es consecuencia del sufrimiento de un trauma emocional, después de haber vivido un suceso extremadamente desagradable (guerra, atentado, atraco, violación, catástrofes naturales, etc.). Los recuerdos del suceso aparecen de manera recurrente con pesadillas y temores, y un malestar intenso a exponerse a estímulos parecidos.

Muchas personas con trastornos de ansiedad pueden aliviar los síntomas con un tratamiento psicoterapéutico o con fármacos. Los medicamentos pueden ser útiles en casos graves para mitigar inicialmente los síntomas de ansiedad y facilitar un posterior tratamiento psicológico. Existen diversos tipos de terapias para aliviar el miedo y la ansiedad anticipatoria. Estas terapias utilizan diversas técnicas para disminuir o eliminar un comportamiento indeseable, contrarrestando los síntomas de ansiedad desadaptativos.


Si usted se encuentra en alguno de los casos mencionados, el primer paso hacia su recuperación consiste en ponerse en manos de un especialista; con su ayuda y siguiendo sus indicaciones, le ayudará a recuperar su bienestar y su salud.

sábado, 12 de julio de 2014

No eres Tú, soy Yo...

Con frecuencia observo en las conversaciones cotidianas de gente de diferentes lugares, estrato social, educación, etc., quejarse de la actitud de terceras personas hacia la persona quejosa. En la mayoría de los casos noto que la queja se relaciona con la necesidad de que nos escuchen, nos digan palabras de aliento, de amor, de aprobación, creando una relación de alta dependencia de esas frases. Aun cuando muchas de esas palabras deseadas carezcan de un sentimiento real y sólo sean expresadas para satisfacer esa necesidad apremiante de saber que somos importantes para la otra persona. Es por ello, para entender más cabalmente de lo hablo, que he decidido publicar un interesante ensayo de Viktor Frankl.

Viktor Emil Frankl, nació un 26 de marzo de 1905 en Viena, Austria y falleció el 2 de septiembre de 1997 en la misma ciudad. Fundador de la Logoterapia, estudió el campo de la Psicología Existencial, Neurología y Psiquiatría. Sobreviviente del holocausto en campos de concentración de Auschwitz y Dachau.

Viktor Frankl expresa, en pocas palabras, cómo nos hacemos daño a nosotros mismos con nuestros propios pensamientos, pensando o creyendo lo que NUESTRA MENTE cree. Dependiendo del grado de distorsión mental de cada quien, todos poseemos una percepción diferente y particular de nuestro entorno, del mundo, de la vida, de las acciones de los demás. De cada persona depende entregar el control de nuestras vidas a terceras personas o controlarla nosotros mismos. 

No eres Tú, soy Yo... ¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?... ¿Tus padres? ¿Tu esposo? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?... Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables. Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.

Pero, ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz. Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida.   Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones. 

Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta. Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como: ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.   No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros.   Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer, algo que nos incomoda. Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente. 

Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:   "Necesito que Enrique me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo, pero si no lo hace... siento que me muero".   ¡Wow! Yo me quedé perplejo ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?   No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.   Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas. No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.   Definitivamente nadie puede decidir por nosotros.

Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.   La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda: No es él, no es ella...ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.   "Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas - la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".

Viktor Frankl


Perdonar es liberar un prisionero y descubrir que el prisionero eras tú.

miércoles, 2 de julio de 2014

Mi hijo tiene TDAH, ¿Eso es grave?

Los padres de Víctor, quien cursa el tercer grado de primaria, desesperados ante las constantes quejas de la maestra del pequeño y las conductas que ha presentado también en casa desde hace ya más de dos años, acudieron a solicitar ayuda al psicólogo.


Los padres mencionan que Víctor no respeta a las figuras de autoridad tales como a su maestra, a sus padres y a su hermana mayor a quien incluso agrede a golpes. Acostumbra a interrumpir las conversaciones, miente con frecuencia, es desordenado con su ropa y sus útiles escolares, no le gusta compartir sus juguetes y tiene problemas con sus compañeros. Además es demasiado impulsivo y no mide los riesgos de su comportamiento por lo que constantemente se lastima.

Después de aplicar algunos tests y de profundizar en la historia clínica de Víctor, el psicólogo explicó a los padres que el niño tenía un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, con predominio del tipo hiperactivo-impulsivo. Al escuchar el diagnóstico del psicólogo, la madre rompió a llorar y preguntó: ¿y eso es grave?

Las personas con este trastorno (TDAH) tienen la tendencia de iniciar una tarea y antes de terminarla, pasar a otra y a otra, sin concluir ninguna. A menudo no son capaces de seguir instrucciones. Son demasiado  inquietos, no permanecen sentados, desean saltar o jugar cuando no deben de hacerlo. Dan palmadas, mueven las manos y pies excesivamente. Parece que están con un motor en marcha. Estas manifestaciones pueden producirse en el hogar, en la escuela o cualquier otro sitio. Aunque esto depende de la edad y el nivel de desarrollo del niño.

El trastorno de Víctor no es grave desde el punto de vista mental -aseguró el doctor-, pero puede serlo, si no se presta la debida atención a su impulsividad. La respuesta del psicólogo a la madre, pareció tranquilizarla.
Actualmente, con la cooperación de la familia y la aplicación de las técnicas y los instrumentos adecuados, el psicólogo ha estado tratando al menor, quien muestra una reducción y eliminación de los comportamientos disruptivos que lo caracterizaban.

En este tipo de trastornos como en muchos otros, el éxito del tratamiento psicológico necesita de la cooperación de todos aquellos que, de una u otra manera tienen que ver con la conducta del niño, desde los padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, etc.

En conclusión, el TDAH no es grave, pero es muy importante que los padres acudan a solicitar ayuda profesional en cuanto observen algunos de los síntomas que ya hemos  mencionado, ya que cuando se interviene en los inicios del problema, el tratamiento puede tener éxito en menor tiempo.