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sábado, 15 de octubre de 2016

La depresión afecta a niños y adolescentes, no sólo a los adultos

La depresión, no es sólo un asunto de adultos, también está afectando emocionalmente a muchos niños y adolescentes. Hoy se sabe que la depresión infantil y adolescente puede surgir, como en los adultos, a causa de cambios importantes en la vida de la persona y debido al estrés como respuesta a muchas y diversas situaciones.

Los adolescentes propenden más a deprimirse, sobre todo, cuando su vida atraviesa por eventos estresantes como cuando tienen baja autoestima, son hijos muy autocríticos o tienen poco control sobre los acontecimientos negativos.

Las niñas adolescentes, por su parte, presentan un mayor riesgo de experimentar depresión que los niños. Así también, una historia familiar donde existan antecedentes de depresión pone en riesgo a los adolescentes.

Entre los eventos que pueden causar depresión en los adolescentes, se encuentran: la agresión o acoso escolar, el abuso o maltrato físico o emocional, el déficit de habilidades sociales, las dificultades de aprendizaje, enfermedades crónicas, errores de crianza o cuidados deficientes y acontecimientos estresantes como la pérdida de uno de los padres por muerte o por divorcio.

Muchos adolescentes con depresión suelen presentar trastornos de ansiedad, trastorno de déficit de atención con hiperactividad (THDA), trastorno bipolar o trastornos alimentarios (bulimia y anorexia), etc.

La depresión puede cambiar la forma como los adolescentes se ven a sí mismos y a sus vidas, así como a las personas de su torno. Estos jóvenes, por lo general, ven todo de forma más negativa y asumen que los problemas no tienen soluciones favorables.

En cuanto a los síntomas, todos o algunos pueden estar presentes, como los cambios en el apetito, poca o nula concentración, dificultad para tomar decisiones, episodios de pérdida de la memoria, fatiga, sentimiento de agitación, inquietud e irritabilidad, baja autoestima, desesperanza, tristeza u odio hacia sí mismo, pérdida del interés o placer en actividades que antes fueron divertidas, pensar o hablar acerca del suicidio o la muerte, problemas para dormir, sueño excesivo o somnolencia diurna, actitud desafiante, conducta delictiva, comportamiento irresponsable, rendimiento escolar deficiente; baja en las calificaciones, distanciamiento de la familia y los amigos, consumo de alcohol u otras sustancias ilegales. El suicidio es un riesgo latente en estos adolescentes con depresión.

La depresión en niños y adolescentes es, a menudo, difícil de diagnosticar, debido a que los adolescentes sin depresión tienen altibajos en su estado anímico, los cuales pueden alternar en cuestión de horas o días. Y a veces, cuando se les pregunta, dirán que no están tristes.

Los adolescentes con depresión deben estar atentos a cualquier signo que indique que su condición está empeorando y reaccionar cuando esto suceda. Se recomienda practicar actividades recreativas como el deporte u otra que les proporcione un disfrute o distracción. El uso y/o abuso de alcohol o fármacos afectan al cerebro del adolescente con depresión, empeorando, con el tiempo, la condición depresiva, pudiendo alterar su capacidad de discernimiento respecto al suicidio.

Si usted se encuentra en situación de riesgo, hable con alguien de confianza respecto a cómo se está sintiendo, y procure acercarse a personas afectuosas y positivas.


Casi todos los adolescentes con depresión se benefician de algún tipo de psicoterapia, la cual favorece un buen espacio para hablar de sus sentimientos, pensamientos, preocupaciones y aprender formas para manejarlos adecuadamente.

domingo, 31 de julio de 2016

Todos mienten

La mayoría de la gente  ̶ si no es que toda ̶  cuenta, alguna vez, alguna mentira en su vida, y no falta quienes lo hacen todos los días. Aunque algunas mentiras son más graves que otras, y en algunos casos no es visto como algo muy malo. Incluso algunas mentiras son catalogadas de “piadosas” o blancas, aun cuando no deja de ser una mentira. Y los seres humanos, al parecer, somos compulsivamente mentirosos.
Una de las razones por las cuales mentimos es para conseguir determinados fines.
A menudo, cuando hacemos algo que los demás desaprueban y en consecuencia se espera un castigo, sea físico, una señal de disgusto o de rechazo, es entonces cuando negamos lo que haya que negar y, si es posible, señalamos a otros como responsables.
Mentimos para evitarnos la vergüenza. Nos imaginamos lo que otros están pensando de nosotros y suponemos una silenciosa pero penosa desaprobación. Perder la posición social nos causa vergüenza, lo suficiente como para que nos mintamos para reducir el impacto sobre nuestra estima.

Mentimos también para obtener beneficios materiales, para negociar un mejor precio, para conseguir cosas sin costo, y para obtener beneficios inmerecidos.
Buscamos obtener ventajas contando historias falsas sobre méritos deportivos, conocimientos, premios obtenidos, etc., con el fin de atraer la admiración de otras personas, sea en el aspecto romántico, en el empleo o sólo por sobresalir en el grupo de amigos.
Decimos maravillas sobre cualquier artículo que tratamos de vender, como en la venta de un automóvil o cualquier objeto usado y que está en malas condiciones.
Un niño miente diciendo que ya ha terminado su tarea con el fin de conseguir que lo lleven al cine.
Cuando pretendemos mostrar una buena imagen. Particularmente, en situaciones sociales, románticas y de trabajo, en las que necesitamos que otros piensen que somos competentes y exitosos con el fin de obtener su aprobación y las recompensas que se pueden obtener. Es bastante común, también, en las entrevistas de trabajo, donde inflar el currículum vitae es frecuente.
Una razón más socialmente aceptable, deseable, y quizá, necesaria de mentir es para ayudar a los demás, especialmente a amigos y familiares. Aunque en realidad, estemos ganando tanto o mayor beneficio para nosotros mismos.
A veces evitamos decir cosas a otras personas más por su beneficio que por la nuestra. Por ejemplo, diciendo que estamos bien cuando sabemos que si decimos la verdad, podría afectar a otra persona. Las mentiras también se utilizan a menudo para salvar el propio pellejo.
Cuidar las apariencias significa ayudar a sostener la estima de los demás y evitar la vergüenza, como cuando no decimos la toda verdad en vez de mentir abiertamente. Por ejemplo, si nos encontramos con una persona con mal aliento y evitamos señalar este problema.
Otra manera de contar mentiras es cuando ayudamos a otros a evitar problemas; por ejemplo, les damos una coartada diciendo que estaban con nosotros y no en alguna situación comprometida, aunque debemos de evitar cometer perjurio, mintiendo en la corte para salvar a nuestros amigos.
No se nace mentiroso; sin embargo, aprendemos desde muy pequeños y muy rápido sobre lo que funciona y lo que no. Se desarrolla la astucia natural y pronto se empieza a mentir con el fin de evitar castigos y para recibir recompensas.
Los primeros engaños son evidentes, como cuando un niño esconde algo detrás de la espalda, y dicen que no lo tienen. Al poco tiempo aprenden a ocultarlo en otro lugar, ponen cara de sorpresa y de ofendidos cuando sus padres se atreven a acusarlos. De hecho, cuando los niños son castigados por mentir, en lugar de hacerlo menos, a menudo sólo mejoran sus técnicas.
Otro método es la justificación como recurso para aceptar lo sucedido, pero que era la mejor opción. Cuando la culpa es difícil de evitar, los niños rápidamente inventan historias que justifican su comportamiento. Como el cuento de Pinocho, estos pueden elaborase rápidamente para cubrir sus fechorías, usando su creatividad natural para elaborar cuentos creíbles.
Siempre que tienen la posibilidad de engañar sin ser detectados, la mayoría de la gente lo hace. Esto se observa en el robo de pequeños adminículos de oficina del lugar de trabajo, pareciera que llevarse a casa una pluma no parece molestar a nadie. Lo mismo ocurre con la mentira. Las mentirillas y pequeños engaños se ven como aceptables, como sucede en muchos círculos sociales.
Como hemos podido constatar, la mentira está presente en muchos casos, justificada o no. Entonces, ¿podemos concluir que todos mentimos? Esa respuesta se las dejo a cada uno de los lectores.

Por mi parte, pienso que lo mejor es que tratemos de evitar que la mentira sea nuestro estilo de vida, lo normal. Si es usted padre, inculque valores a sus hijos y predique con el ejemplo. Enseñemos a nuestros hijos que mentir no es correcto, en lugar de castigarlos por decir mentiras. Es preferible prevenir que corregir.

sábado, 30 de julio de 2016

¿Me estaré volviendo loca, o qué tengo?

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se presenta de muy diversas maneras. La padecen aquellas personas que sufren intensas reacciones de preocupación, alta activación fisiológica, inquietud o impaciencia, fácil fatigabilidad, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular, alteraciones del sueño, etc.
Las circunstancias de la vida diaria suelen ser las áreas más comunes de preocupación con temas tales como: la familia, los amigos, las relaciones interpersonales en general, el dinero, el trabajo, los estudios, el manejo de la casa, la salud propia y de otros. Las preocupaciones pueden derivarse de cuestiones poco importantes tales como faenas domésticas, reparación del coche, llegar tarde a un sitio o a una cita. Sin embargo, son las preocupaciones sociales las que parecen pesar más a la hora de predecir la tendencia general a preocuparse, en comparación con las preocupaciones físicas o económicas. En el caso de los menores, es más difícil de reconocer en qué medida sus preocupaciones son incontrolables. Es especialmente importante lo que puedan aportar los padres en este tema.
Cuando a una persona se le dictamina este tipo de trastorno, su cuadro sintomático es similar al de otras que tienen el mismo trastorno; sin embargo, los síntomas varían mucho entre uno y otro afectado. En lo que coinciden todos ellos es que muestran niveles muy altos de ansiedad casi todo el tiempo. La ansiedad puede ser provocada por interpretaciones erróneas, pensamientos anticipatorios, etc. La ansiedad puede provocar malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Arturo Bados López, profesor de psicología de la Universidad de Barcelona nos ofrece algunos ejemplos del TAG:
a) Una madre preocupada de que la comida que preparaba a su bebé estuviera muy caliente y le pudiera quemar, o si no lo oía llorar por la noche y pudiera ahogarse, y que el bebé pudiera enfermar gravemente o morir si lo descuidaba.
b) Un periodista preocupado de no parecer inepto a la gente que entrevistaba, q que su jefe rechazara sus artículos, que los lectores desaprobaran lo que escribía, de si sus compañeros podían estar juzgando todo lo que hacía y si pudiera perder el empleo por cometer un error grave.
c) A un psicólogo clínico en formación le preocupaba tratar inadecuadamente a sus pacientes, a cada llamada telefónica quizá un paciente había recaído o se había intentado suicidar y por si su supervisor desaprobaba lo que hacía.
d) Una estudiante estaba preocupada porque creía no rendir lo suficiente, no estar a la altura de sus compañeros, no tener el tiempo suficiente para prepararse, temor a no superar los exámenes y tener que abandonar la carrera.
e) Un paciente se preocupaba por los comentarios que hicieran los amigos de su forma de vestir, por no tener opiniones tan fundadas como ellos y por si podían hacerlo a un lado. 
f) A otro paciente le preocupaba que él o alguien de su familia cayera gravemente enfermo, la posibilidad de quedarse sin trabajo o que su pareja le abandonara.
Al individuo le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación por sí solo. Por ello, es importante, en estos casos, recurrir a un especialista quien le guiará en la recuperación de su salud emocional. El TAG debe diagnosticarse adecuadamente y, así, evitar confundirle con otros síntomas de ansiedad o fobias.

Referencia: Centro Alternativa Psicológica Integral